La revista “Anuario de Psicología Jurídica” ha publicado varias novedades en las que aborda la detección del riesgo de suicidio en policías, la violencia filio-parental y la influencia de las tecnologías o, entre otras, la percepción de riesgo y las manifestaciones de trastorno de estrés postraumático en el contexto de la guerra de Gaza. Así, la primera de estas novedades es el artículo “La mejora de la detección del riesgo de suicidio en agentes de policía: propiedades psicométricas y estandarización del VRS-PN”. En esta investigación se persigue llevar a cabo la validación de la Escala de Evaluación del Riesgo de Suicidio en la Policía Nacional (VRS-PN). Se trata de una herramienta pionera que se ha diseñado específicamente para el contexto de las fuerzas de seguridad en España.
Esta escala se compone de casi 40 ítems organizados en ocho factores clave. Estos son la ideación suicida intrapersonal e interpersonal (percepción de ser una carga), intento suicida, factores de riesgo y tendencias conductuales, acceso a medios letales y escalas de validez (que detectan si, por ejemplo, un policía está ocultando sus síntomas por miedo al estigma).
Para desarrollar la investigación, la muestra se compuso de más de 650 agentes. Estos se dividieron en dos grupos: población general y policías en situación de incapacidad temporal por salud mental. Así, la principal conclusión del estudio es que la escala es una herramienta fiable y válida, además de adaptada al contexto de la Policía Nacional en España.
Además de la conclusión lógica de que los policías con alguna patología diagnosticada tenían más riesgo de suicidio, la investigación pone de manifiesto que las mujeres suelen mostrar más estrategias de disimulo y regulación emocional, mientras que los hombres se exponen más a conductas de riesgo y tienen más acceso a medios letales. Asimismo, los hallazgos del estudio señalan que el riesgo, por otra parte, puede estar ligado a la acumulación crónica de estrés y exposición a traumas a lo largo de su carrera. No obstante, este factor mostró un impacto menor que la pertenencia al grupo de incapacidad temporal.
Por otra parte, la revista publicada también “Las actitudes hacia la guerra de Gaza, la percepción del riesgo y las manifestaciones del trastorno del estrés postraumático”. Se trata de un estudio pionero que evalúa el impacto psicológico colateral del conflicto en la población de Egipto, país fronterizo con Gaza e Israel. Uno de los principales hallazgos de este trabajo es que el “componente emocional” de las emociones hacia la guerra puede explicar la mayoría de la varianza en las manifestaciones totales del estrés postraumático. Es decir, sentir miedo o tristeza por la guerra es la causa principal de malestar psicológico, por encima de lo que racionalmente se piense sobre el conflicto.
Del artículo se desprende, además, que tanto las actitudes hacia la guerra como la percepción de su riesgo son un predictor robusto de la aparición de síntomas de trastorno de estrés postraumático. Otro factor significativo del conflicto, la percepción del riesgo personal, guarda una relación directa con todas las manifestaciones de este trastorno.
A pesar de que la sociedad egipcia no está sufriendo directamente la guerra, sí que recibe estímulos continuos de su desarrollo, tanto en medios de comunicación como en redes sociales. Esto provoca que las personas desarrollen estrategias de evitación, según se observa en la investigación. La gente deja de ver las noticias o evita determinados lugares para intentar mitigar el malestar psicológico. Paradójicamente, esto puede obstaculizar la gestión del trauma y empeorar a largo plazo los síntomas.
Seguidamente, aparece “Propiedades psicométricas de la versión española de la Escala de Propensión a la Desconexión Moral (PMDS-S)”. El artículo constituye la validación y la comparación de tres versiones en español de dicha escala (con 24, 16 y 8 ítems). Esto se llevó a cabo con una muestra de más de 340 adultos residentes en España. El objetivo fue determinar cuál de las versiones es más precisa y si existen varianzas entre hombres y mujeres.
Uno de los principales hallazgos de la investigación es que las tres versiones de la escala son fiables. Sin embargo, la que mostró mejores puntuaciones fue la que consta de ocho ítems. También se demostró la invarianza de género. Con todo, hombres y mujeres muestran, según el estudio, diferencias en la manifestación de la desconexión moral. Así, los hombres muestran mayor tendencia a la desconexión moral, la psicopatía y la conducta delictiva. Las mujeres, en cambio, demostraron mayor preocupación empática, lo que actúa como protectora contra la desconexión. Además, dicha desconexión también se relaciona con la conocida como tétrada oscura, compuesta por rasgos como maquiavelismo, narcisismo, psicopatía y sadismo.
Por último, el estudio destaca que la desconexión moral no es un proceso circunstancial. Este hecho es, en cambio, una tendencia estable que permite predecir el comportamiento antisocial en adultos.
Las novedades de “Anuario de Psicología Jurídica” continúan con “Los factores asociados con tener familiares en prisión: un enfoque de aprendizaje automático con datos desbalanceados”. El artículo explora el impacto que tienen el contexto familiar y socioeconómico en las probabilidades de tener un pariente en la cárcel. Para ello, las y los autores seleccionaron una muestra de más de 17.000 personas, que estudiaron utilizando un programa de inteligencia artificial para resolver problemas de clasificación con datos muy desequilibrados.
De esta forma, el estudió identificó cinco factores que caracterizan la presencia de un familiar convicto. El primero es el bajo estatus socioeconómico: hay una relación directa entre la pobreza con la probabilidad del encarcelamiento de un familiar. El segundo es el hacinamiento en el hogar, o vivir en viviendas compartidas por muchas personas. El tercero, un nivel educativo limitado, como no haber terminado la escuela secundaria. El cuarto, la falta de vivienda en propiedad, residir en hogares prestados u ocupados. Y el último es la precariedad laboral: los trabajadores precarios se enfrentan a mayores estresores económicos que allanan el camino para un mayor contacto con la Justicia.
Por otra parte, el análisis con IA permitió también identificar dos de estas características que influyen especialmente en función del género y la edad de las personas. La falta de educación formal impacta más en los hombres a la hora del riesgo de encarcelamiento. Y, por otra parte, el hacinamiento es más relevante para predecir dicho riesgo en los menores de 25 años.
Por último, “El uso inadecuado de las TIC y la violencia filio-parental: la perspectiva de la familia” analiza cómo el uso problemático de las tecnologías de la comunicación se vincula con patrones de conducta en los que los hijos ejercen poder sobre los padres y madres. Para estudiarlo, se incluyó en la investigación a 70 familiares de adolescentes con medidas judiciales en vigor por violencia filio-parental en la Comunidad de Madrid.
Estos jóvenes mostraban, según el estudio, un perfil de uso peligroso de internet: un empleo de las TIC abusivo y desorganizado, centrado en redes sociales y videojuegos. Otras características que mostraron los adolescentes fueron el uso prolongado (hasta 18 horas al día), conductas adictivas (con descuido de la higiene) y exposición frecuente a contenidos nocivos (pornografía, violencia o apuestas).
Uno de los hallazgos más destacados del estudio es la percepción de ineficacia de los padres para establecer límites claros en el ámbito digital. En primer lugar, porque sus hijos e hijas muestran facilidad para saltarse los controles parentales. Además, en hogares con progenitores separados es más complicado establecer límites unificados. Por otro lado, de la investigación se desprende que a partir de los 14 años se observa una escalada a la resistencia a la supervisión parental. Es decir, los jóvenes se vuelven más desafiantes ante intentos de regulación a partir de dicha edad.
En este sentido, los intentos de retirada de dispositivos digitales derivan en acciones violentas: amenazas con cuchillos, coacciones o rotura de objetos. Así, los padres y las madres manifiestan un temor generalizado a las reacciones de sus hijos e hijas. Esto desemboca en actitudes permisivas. Y, con esto, se refuerza el poder y la situación de control de los y las adolescentes.
Con todo, el uso de la tecnología no es lo único que favorece la aparición de estos perfiles. Hay otros factores, como psicológicos (impulsividad, falta de regulación emocional) o socioeconómicos (estrés derivado de dificultades financieras, que hace que las TIC hagan las veces de estrategia de evasión), que ayudan a que se desarrollen.
Cabe recordar que, a partir de este año, la revista “Anuario de Psicología Jurídica”, coeditada por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y la Fundación, ha adoptado un modelo de publicación continua con el objetivo de optimizar el proceso de difusión y mejorar la visibilidad de las investigaciones que contiene.
Estos artículos, y todos los contenidos de “Anuario de la Psicología Jurídica”, están disponibles para lectura y descarga gratuita en la página web del Colegio.