El volumen 17 de la revista “Clínica Contemporánea” ha publicado diversas novedades que incluyen los conocidos como entornos psicológicamente informados y el abordaje del trastorno obsesivo-compulsivo a través de métodos como la terapia de aceptación y compromiso. De esta forma, el primer artículo, “Entornos psicológicamente informados y cuidados informados por el trauma en contextos neonatales, obstétricos y pediátricos: una revisión narrativa”, evalúa los cambios que podrían darse en el ámbito hospitalario para mejorar la humanización de la atención en un contexto de vulnerabilidad.
La literatura científica define los entornos psicológicamente informados son los contextos asistenciales diseñados a partir del conocimiento psicológico de las emociones y las relaciones. El objetivo pasa por crear una estructura organizativa que incluya, por norma general, las necesidades emocionales de todas las personas. Por otra parte, los cuidados informados por el trauma se centran en el impacto del hecho traumático. Se trata de la priorización de la seguridad emocional de los pacientes. El artículo destaca la necesidad de que estos marcos teóricos no sean solo intervenciones puntuales, sino una transformación de la cultura organizativa.
El artículo detalla la aplicación de estos conceptos en tres áreas: neonatología, obstetricia y pediatría. Así, la investigación se orienta a validar la eficacia del conocido como modelo de las 4R en el ámbito perinatal hospitalario en España. Este modelo se basa en cuatro pasos: comprender el trauma (“realize”), identificar señales de malestar en niños (“recognize”), responder con comunicación clara y anticipatoria (“respond”) y evitar prácticas que incrementen la sensación de pérdida de control (“resist re-traumatization”).
En este sentido, el estudio destaca que la puesta en marcha de estos entornos mejora la experiencia de la asistencia hospitalaria y la salud mental perinatal. Además, se enfatiza la necesidad de que la Psicología Clínica se integre de forma estructural, no como un recurso externo.
Seguidamente, la revista publica “Tratamiento integrado de ACT y exposición con prevención de respuesta en un caso de TOC”. La autora del artículo presenta un caso clínico sobre la eficacia de combinar las terapias de aceptación y compromiso y de exposición para abordar un trastorno obsesivo-compulsivo. La novedad que se expone es la suma de ambas formas de abordar el trastorno, que se aplicaron a un hombre en tratamiento farmacológico crónico durante 20 años y de baja laboral por la gravedad de sus síntomas.
Las manifestaciones clínicas del paciente oscilaban de las dudas constantes sobre la seguridad del hogar a la falta de higiene personal para evitar nuevos rituales, pasando por distanciamiento familiar o compulsiones como elaborar listas de verificación exhaustivas. Durante el tratamiento, la exposición se utilizó para que paciente se habituara a los pensamientos que generaban ansiedad sin recurrir a los comportamientos compulsivos para neutralizarlos. La terapia de aceptación, por otro lado, trató de cambiar la relación con dichos pensamientos para que el paciente no los interpretara como una verdad absoluta.
El abordaje se planteó a lo largo de 12 sesiones presenciales. A la cuarta, el paciente comenzó a mostrar síntomas de mejoría, como la reducción de la longitud de las listas de verificación. A la octava, las manifestaciones de TOC remitieron por completo. La mejora, además, se plasmó en la flexibilidad psicológica. También para retomar hábitos saludables, como la higiene o el contacto familiar. Finalmente, el paciente pudo reincorporarse a su trabajo.
Uno de los factores clave que señala la autora para el desarrollo exitoso de esta terapia fue la alianza terapéutica, a través de la calidez o la escucha activa, que facilitó la adherencia del paciente a los tratamientos propuestos.
“Clínica Contemporánea” trae también “Efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso focalizada en trauma para el tratamiento de trastorno de estrés postraumático: reporte de caso”. Se trata de un caso clínico en que se evaluó la efectividad de dicha intervención en una paciente de 32 años, miembro del colectivo LGTBIQ+, con trastorno de estrés postraumático diagnosticado por violencia interpersonal. La terapia consistió en 17 sesiones que se dividieron en fases de estabilización y regulación fisiológica, procesamiento contextual del trauma y reconexión con valores. Uno de los principales hallazgos de la investigación es la mejoría clínica que experimentó.
Los síntomas del trastorno descendieron más de un 76%. La puntuación pasó de un 38 a 9 e el cuestionario ITQ, y se mantuvo en 12 en el seguimiento a los tres meses. La sintomatología de depresión también disminuyó de 16 a 9 puntos según BDI-II y siguió esta tendencia, hasta los 6 puntos, en el seguimiento. Por su parte, el malestar ansioso-depresivo sufrió una disminución de más del 83%, de 6 a 1 punto, según HADS.
Por otro lado, se destaca que la intervención no solo disminuyó la sintomatología, sino que propició que la paciente se involucrara más en actividades significativas, lo que incrementó su percepción de autoeficacia. Además, a pesar de las limitaciones de diseño al ser un caso único, el estudio aporta evidencia preliminar sobre la viabilidad de aplicar esta terapia en poblaciones infrarrepresentadas, como este caso, y en contextos de trauma complejo.
A continuación, “Análisis del Perdón en un Estudio de Caso Clínico Desde TFE y ACT” evalúa los efectos de una intervención que combina la terapia focalizada en la emoción y la terapia de aceptación y compromiso. Se trata, de nuevo, de un caso clínico de una paciente con una relación altamente ambivalente con su madre. Durante su infancia, la paciente asumió el rol de cuidadora de sus progenitores. En la actualidad, mostraba desconexión emocional y corporal, miedo al abandono y autocrítica sostenida por la voz internalizada de su madre.
La intervención consistió en una psicoterapia de seis meses, con sesiones semanales. Se centró en facilitar el procesamiento de las heridas pasadas, el establecimiento de límites y la clarificación de valores, siendo el perdón el eje transversal. Los resultados revelaron una aparente paradoja entre el principio y el fin del tratamiento: al principio, la paciente obtuvo puntuaciones elevadas en todos los cuestionarios, lo que los autores explican mediante una postura defensiva que buscaba proyectar una imagen idealizada de sí misma, recurriendo a un pseudoperdón que minimizaba y negaba el daño sufrido. Al final, los registros descendieron.
La paciente abandonó la negación para entrar en contacto con su dolor, su tristeza y su rabia hacia su madre. De forma complementaria, la Escala de Autocompasión mostró mejoras en factores positivos como la autoamabilidad, la humanidad común y el mindfulness, aunque reflejó un aumento en el aislamiento y la sobreidentificación, lo que señala que la paciente avanzó significativamente en la autoconciencia de sus patrones disfuncionales, aunque se señala que no desaparecieron.
El artículo incide en que la evolución clínica de la paciente se situó en una fase intermedia del perdón, sin haber alcanzado aún un perdón maduro, lo que confirma que este fenómeno es un proceso complejo y no lineal. Con todo, el tratamiento favoreció avances prácticos significativos, tales como la capacidad de para confrontar a su madre y establecer límites claros, y el desarrollo de conductas más coherentes con su propio valor.
La revista aborda, seguidamente, las conductas autolíticas no suicidas en “‘Me corto, luego existo’. Autolesiones en los trastornos límites de la personalidad”. Estas tendencias no se definen como gestos impulsivos, sino que constituyen un recurso, desesperado, de regulación emocional, de defensa contra el desbordamiento afectivo y un intento por mantener la continuidad del yo. El artículo expone la importancia de no centrarse únicamente en la supresión del síntoma. Es necesario intervenir sobre la autolesión comprendiendo su función “protectora” o de supervivencia en el historial de cada paciente. Lo contrario puede resultar desorganizador, aumentar la culpa e incluso favorecer nuevas conductas de riesgo.
Por ello, se propone una estrategia psicoterapéutica integradora, basada en la psicoterapia psicodinámica relacional y el psicodrama, que ayude al paciente a transitar de la actuación corporal a la palabra. En casos de trauma complejo, cuando existe una severa desregulación fisiológica que impide el trabajo simbólico, el uso complementario de técnicas de neuromodulación, como la estimulación magnética transcraneal, puede actuar como un facilitador para estabilizar al sistema neuropsíquico y posibilitar el inicio del proceso psicoterapéutico. Este modelo se ilustra en el caso de una paciente con diagnóstico de estructura límite de la personalidad y trastorno de estrés postraumático complejo.
Tras una fase inicial de estabilización con neuromodulación, el tratamiento psicoterapéutico empleó técnicas de psicodrama bipersonal para externalizar la voz punitiva (mediante la técnica de "dar voz al corte" o al cuchillo) y analizar la función relacional de sus síntomas. El proceso permitió que la agresividad, inicialmente vuelta contra sí misma en forma de cortes y quemaduras, fuera legítimamente reconocida, simbolizada y expresada de manera segura hacia el exterior, logrando la remisión de las autolesiones.
Un nuevo caso clínico se expone en “Exceso de excitación y búsqueda de sostén: un abordaje psicoanalítico en la clínica con niños”. El artículo aborda, en este sentido, el caso de un niño de seis años al que derivó su colegio bajo sospecha de TDAH por su constante inquietud motriz, impulsividad y agresividad en el aula. El estudio señala que estos síntomas no responden a un déficit de atención neurobiológico, sino a un exceso de excitación no regulado por el entorno. Al analizar la historia del paciente, se pusieron de manifiesto faltas de sostén afectivo por el abandono de su madre y maltrato físico y erotización de su cuerpo por parte del padre. Esta última se manifestaba en conductas que utilizaban el cuerpo infantil para aliviar las tensiones emocionales del adulto, como dormir juntos en la misma cama, besarse en la boca o jugar a morderse por todo el cuerpo mientras el menor estaba desnudo.
Durante sus juegos, el niño expresaba su temor a la intrusión y su preocupación por la integridad corporal dibujando personajes como el “Hombre Fantasma”, que no tenía la punta del pie, coincidiendo con una malformación congénita real que padecía, y buscando de manera obsesiva la creación de escudos protectores. A lo largo de los seis meses que duró el proceso, se emplearon recursos que delimitaban el espacio y la identidad del paciente, como una caja de juegos rotulada con su nombre para guardar y proteger sus trabajos de cualquier manipulación externa.
Asimismo, el caso destaca la relevancia de la intersectorialidad en la clínica infantil, demostrando que abordar vulneraciones graves de derechos de los menores exige la intervención coordinada del sistema de salud, el colegio y el sistema de protección legal.
Las novedades de la revista concluyen con una reseña de la película “Carmen y Lola” y una noticia sobre la edición de “El Colegio Escucha” dedicada a “Maltrato invisible: la violencia silenciosa hacia las personas mayores”. Esta última analiza este fenómeno, arraigado en el edadismo y el aislamiento que anula la autonomía de las personas mayores. Para combatirlo, se propone articular tres vías de acción, la personal, la comunitaria y la institucional, todas orientadas a concienciar a la población y avanzar hacia una verdadera sociedad de cuidados.
Cabe recordar que, a partir de este año, “Clínica Contemporánea”, editada por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y la Fundación, ha adoptado un modelo de publicación continua con el objetivo de optimizar el proceso de difusión y mejorar la visibilidad de las investigaciones que contiene.
Estos artículos, y todos los contenidos de “Clínica Contemporánea”, están disponibles para lectura y descarga gratuita en la página web del Colegio.